Una combinación que nunca falla: patatas crujientes, cubiertas con queso fundido y trocitos de bacon dorado. Cada bocado mezcla lo salado, lo cremoso y lo crujiente en una explosión de sabor. Se sirven bien calientes, con el queso derritiéndose sobre las patatas y el bacon aportando ese toque ahumado que engancha. Un clásico reconfortante, ideal para compartir… o para no dejar ni una.
Una combinación que nunca falla: patatas crujientes, cubiertas con queso fundido y trocitos de bacon dorado. Cada bocado mezcla lo salado, lo cremoso y lo crujiente en una explosión de sabor. Se sirven bien calientes, con el queso derritiéndose sobre las patatas y el bacon aportando ese toque ahumado que engancha. Un clásico reconfortante, ideal para compartir… o para no dejar ni una.